Los peligros de la "IA" para la salud mental.

¿Qué es lo que lleva a una persona a engancharse tanto con una IA?
Actualmente podemos ver a las personas en nuestro entorno utilizando chats y apps que les resuelven dudas o les organizan sus actividades.
Hay quienes utilizan la IA para elaborar reportes, hacer tareas escolares, crear diseños o recopilar información sobre un tema en particular.

Pero también es más frecuente escuchar personas que hablan de cómo "Chatgpt se ha convertido en su amigo", de cómo Gemini o Meta se han convertido en sus psicólogos.
Vemos cómo las personas, en su mayoría adolescentes, generan un vínculo cercano y emocional con alguna inteligencia artificial, confiando en ella al cien por ciento sin poner en duda nada de lo que les dice.
Pero, ¿a qué se debe este comportamiento?
De entre los múltiples factores podemos considerar la falta de conexión interpersonal y el carente desarrollo de habilidades emocionales que no está permitiendo a las personas lidiar con las frustraciones que el mundo real y la interacción humana, generan.
Si hablamos de asistir a terapia psicológica, el esfuerzo mental, emocional y económico que ello implica, el prejuicio social sobre la salud mental y la necesidad de recibir respuestas rápidas, motiva a las personas a buscar un medio más privado y alentador como es un chatbot.
Es por ello que los chatbots se han convertido en una aparente buena opción para generar interacciones donde no se reciban críticas, cuestionamientos ni juicios. Sino por el contrario, frases de validación a todos los planteamientos.
Y para muestra basta con que vayas a Chatgpt y le pidas que te ayude con algo específico. Sus frases al final de la "conversación" serán algo como "Felicidades por preocuparte por tal asunto" "lo estás haciendo increíble" "eres una gran persona", etcétera. Validaciones que quizás en el mundo real no recibirás de manera constante.
De toda la población, los adolescentes son los más susceptibles de convertir en adicción este tipo de interacciones y de sufrir sus potenciales efectos negativos.
“Las características adictivas de estos chatbots son incluso más fuertes que las adicciones a las redes sociales, debido al mayor nivel de simulación de la realidad.
La mayoría de los adultos saben cómo utilizar internet para su beneficio, pero los adolescentes no”. Comenta para The New York Times el psicólogo social Jonathan Haidt.
Y es que, con la tecnología actual que te permite crear personajes con características físicas y de personalidad según tus gustos, y con los que además puedes conversar en tiempo real, simular situaciones, viajes y demás experiencias, incluso crear imágenes de tu avatar y tu juntos, muchas personas, en especial los adolescentes, ven en los chatbots el “mundo perfecto” que no logran encontrar en el real, creando interacciones idealizadas en donde ese personaje se encuentra disponible todo el tiempo, les responde de inmediato sus mensajes, nunca tiene una queja, ni un disgusto, ni una burla, y siempre está de acuerdo con lo que se le diga.
¡Nada parecido con las interacciones humanas reales! en las que habrá retos al tener que lidiar con diferentes personalidades, formas de pensar. En las que se requiere desarrollar la paciencia y la tolerancia, y en las que tarde o temprano toda persona se enfrenta a decepciones.
El problema radica en que, inmersos en las falsas relaciones y el mundo ficticio de la IA, los niños y adolescentes no están desarrollando las habilidades emocionales necesarias para enfrentarse a los retos que el mundo real implica.
Según la psicóloga Graciela Galán, esta inclinación por entrar en el mundo virtualmente creado, y quedarse en él, pudiera explicarse en la pérdida de la capacidad de expresar verbalmente las emociones, pues cuando los adolescentes tratan de expresar cómo se sienten, no encuentran las palabras. Porque los emoticones y los avatares son quienes suplen ese proceso mental - emocional de poder describir y expresar una emoción.
En estas plataformas virtuales no hay miedo a socializar. Es tu propia mente la que lleva a que ese avatar haga lo que quieres que haga, a que conteste lo que esperas, a que se vuelva parte de ti. De alguna manera esta confusión es la que los conduce a no descifrar dónde está la realidad y dónde la virtualidad”, comenta Graciela Galán, para el New York Times.
Claro está que con un "Amigo o amiga" que cumpla con todas esas características no habrá ninguna frustración, y por lo tanto la tolerancia a la frustración será una capacidad que no se desarrollará porque no será necesaria.
Pero, ¿qué está llevando a las nuevas generaciones a optar por las relaciones dentro de un mundo virtual?
Los espacios de comunicación son cada vez más escasos por los hábitos de vida actuales, en los que se exige la inmediatez, en los que el tiempo de calidad en la convivencia familiar va disminuyendo, a tal grado de ver a familias enteras sentadas en la mesa, o cafeterías llenas de jóvenes, la mayoría inmersos en sus celulares y comiendo en segundo plano, sin siquiera voltear a verse.
Ésta falta de habilidad para comunicarse y expresar las emociones, en un entorno cada vez más frío, inmediato e individualista, lleva a las personas a buscar en los chatbots esa calidez y confianza que se ha perdido en la vida real.
Algunas plataformas de salud mental que usan chatbots y avatares, han representado una ayuda para personas que presentan síntomas de ansiedad o malestar emocional leve y que no pueden acceder a servicios de salud mental formales.
Sin embargo éstas tecnologías presentan limitaciones considerables, ya que un chatbot carece de empatía genuina y de capacidad para poner en contexto experiencias emocionales complejas. Además de no estar diseñadas para atender crisis o trastornos mentales graves.
Tampoco para detectar cuando una persona se encuentra en riesgo de atentar contra su vida o la de alguien más, o actuar alertando de algún modo para que la persona reciba ayuda real. Como sucedió en el caso del adolescente Sewell Setzer, quien cometió suicidio luego de haber desarrollado una relación sentimental con un avatar creado por él mismo con la ayuda de la plataforma OpenIA.
Claro que en este caso, como en otros, no podemos culpar totalmente a la inteligencia artificial.
Si bien las empresas de tecnología deben revisar sus protocolos y prácticas al crear este tipo de herramientas, que carecen de ética en su mayoría, la sociedad y las familias también tienen gran parte de la responsabilidad al no generar entornos seguros para la comunicación, ni enseñar habilidades sociales ni emocionales a los niños y jóvenes que se encuentran en etapas de mayor susceptibilidad en sus vidas.
Como adultos tenemos la responsabilidad de informarnos y educarnos en los avances tecnológicos para entender el tipo de realidad en la que los niños y jóvenes están creciendo.
Y acercarnos a ellos cuando notemos que están teniendo comportamientos fuera de lo común.
Es muy necesario aprender a mejorar nuestro manejo y expresión emocional para enseñarles de viva voz y con el ejemplo, cómo poder comunicarse. Y brindarles siempre la confianza de poder acercarse cuando tengan un problema que les genere angustia y no sepan cómo resolverlo.
Y no olvidemos que las bases con las que toda persona se maneja por el mundo, se aprenden en casa.
Definitivamente la tecnología ha representado un gran avance para la sociedad en múltiples áreas, mejorando procesos, acercando recursos y acortando brechas de comunicación. Pero no debemos olvidar que la tecnología es una herramienta, y que un chatbot no reemplaza una interacción real entre personas.
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